miércoles, 26 de noviembre de 2014

GONZALO MURILLO GARCIA


Nacido en Calzadilla de los Barros. Curso sus estudios de Magisterio en las Escuelas del Ave María de Granada, revalidando dicho título en la Escuela Normal de Magisterio de Badajoz. Comenzó a ejercer como Interino, en Trasierra (Badajoz) en 1927, ese mismo año y tras superar las Oposiciones a Maestro Nacional, es destinado a Villar de S. Pedro (Oviedo). En 1.929 se traslada a Trujillanos donde permanece 11 años. En 1.940 se traslada a Badajoz y es destinado a la escuela Unitaria Nº 3, de esta capital, donde permanece hasta 1942 que es trasladado a la Escuela Unitaria Nº 1 y después de permanecer unos años en dicha Unitaria, donde también da clases de adultos, pasa a ejercer en el 47 en las Escuelas Graduadas General Navarro, donde permanece hasta que su jubilación, en el 1.965, habiendo quedado una huella imborrable, como fue reconocido en los actos que con motivo del 80 aniversario de la inauguración del citado Grupo Escolar se celebró en el año 2009.

Hombre de gran humanidad, con unas profunda y arraigadas ideas Religiosas, y maestro de gran formación técnica, fue muchos años secretario y tesorero del Colegio de Huérfanos del Magisterio.

Cabe destacar el gran amor y admiración que sentía hacia la figura de La Madre, idea que quedaba bien inculcada a sus discípulos. Se le reconoce igualmente un gran cariño, por sus alumnos a los que sigue ayudando aun acabada la edad y el ciclo escolar. Su mujer Elisenda, otra Gran Maestra y Ejemplar Madre, también galardonada con el Lazo de Isabel La Católica.

Padre de siete hijos a los que entrego todo sin reserva alguna, fue un gran ejemplo de Esposo y de PADRE.

Su galardón más destacado, ya que a lo largo de su carrera obtuvo distintos premios como reconocimiento a su labor profesional y entrega a su profesión, siendo el más destacado, el conseguido en Noviembre de 1963, en esta fecha,


Le fue otorgada la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio por su labor como docente y proyección social. También reconocen su valía las poblaciones de Badajoz y Trujillanos al poner su nombre a sendas calles.


“Mi Padre y yo, totalmente delante de él, parece que su barbilla está apoyada en mi cabeza”


Mi padre con un grupo de alumnos


Reseña Aparecida Tras El Día de Su Muerte , en El Diario Regional, Hoy de Badajoz




Articulo en Revista del BBVA, publicado en Junio del 2014. Aun persiste su recuedo como Gran Maestro.

UNA VIDA EN LA MEMORIA



Con el correspondiete permiso de Don. Fernado Bermejo Martin,  a quien aun he tenido el honor de conocer personalmente y autor del libro, UNA VIDA EN LA MEMORIA,  en el que se cita a mi Padre Gonzalo  Murillo Garcia, con palabras que dan a conocer una vez mas, las cualidades que este tenia como persona, educador y Maestro. En ellas se refleja el gran afecto y cariño que el autor le tuvo y lo que significo para el. Desde estas lineas quiero agradecer, todo cuanto de mi Padre se cuenta y se dice en esta obra. Me encantaria saber expresar mi mayor agradecimiento al autor, D. Fernado Bermejo, pero creo es imposible hacerlo desde aquí, lo hago desde lo mas hondo de mi corazon y no solo en mi nombre si no tambien en el de mis otros seis hermanos, todos estaremos siempre muy agradecidos por tan bonitas palabras dedicadas a nuestro querido Padre, Gonzalo  Murillo. Gracias siempre y aquí dejas siete amigos. Sin mas dilacion paso a reproducir la parte del libro a que me refiero.


MIS RECUERDOS DE LA ESCUELA

Empezar en el colegio sabiendo ya lo que la mayoría de mis compañeros empezaban a aprender, me hizo sentir muy importante. Me daba una cierta ventaja que siempre traté de mantener haciendo que me esforzase en el día a día. Procuraba ser el mejor y competía para ello con uno de mis compañeros que soportaba un problema mayor. Supongo que, afectado por la poliomielitis, sus piernas no le soportaban y debía utilizar unos herrajes en sus piernas y unas muletas, lo que, siendo tan niño, debía ser terrible. Pero él peleaba por contrarrestar su problema físico con un liderazgo en la clase. Y lo conseguía. De hecho, casi nunca conseguí estar por delante de él por lo que secretamente lo admiraba. Para mí, superarlo y llegar a ser el primero de la clase era un importante incentivo, aunque su discapacidad y su entereza para sobrellevarla me impresionaban y me hacían tenerle un enorme respeto. Su nombre es uno de los pocos que se me quedaron grabados y eso que no suelo memorizar los nombres de las personas que conozco. Sin embargo, de Pepe, o José según los casos, recuerdo perfectamente sus dos apellidos, aunque nunca tuvimos relaciones más allá de las que teníamos durante el horario escolar. Seguí su trayectoria a lo largo de los años, aunque no tuviese relación con él y me alegré de que aparentemente la vida le fuese bien, aunque siempre esperé que su posición social fuese más destacada de la que ha tenido. Siempre pensé que tenía una mente privilegiada de la que podría beneficiarse la sociedad a su alrededor. 

Don Gonzalo

El aprendizaje con mi madre y la afición que me infundió por la lectura junto al trabajo de Don Gonzalo hicieron que me encantase aprender cosas más allá de lo que tocaba aprender en la escuela. Don Gonzalo era muy aficionado a proponernos pequeñas competiciones en clase. Recuerdo una ocasión en que nos propuso ver quién era el que conocía la palabra más larga, lo que me encantó porque acababa de leer un libro sobre anatomía y mi propuesta, convencido de mi éxito, fue la palabra “esternocleidomastoideo” nombre de uno de los músculos del cuello que me había sorprendido al leerla solo unos días antes. Don Gonzalo iba escribiendo en la pizarra las propuestas y tras oír la mía escribió solo “esternomastoideo”. Eso hacía que mi propuesta no fuese la palabra más larga, sino la segunda. Protesté un par de veces instándole a que rectificase y sentí que sabía que mi propuesta de rectificación era justa. Pero quien había propuesto la palabra que ganaba a la mía mal escrita era uno de los compañeros que siempre tenían más dificultades de aprendizaje. Finalmente entendí que la negativa del maestro a rectificar no era porque no se hubiese percatado de su error al escribir mi propuesta, sino que trataba de incentivar a mi compañero manteniendo su alegría por conseguir ser el primero de la clase; al final renuncié a defenderme y me quedé aprendiendo de nuevo una lección de tantas y tantas que la maestría de Don Gonzalo me dio no solo para incrementar mis conocimientos, sino enseñándome a ser mejor persona.
Maestro. Eso es lo que siempre consideraré a Don Gonzalo Murillo. Ahora se usa más la palabra “profesor” pero Don Gonzalo fue mi “maestro”. Fue un maestro en toda la extensión de la palabra y los cuatro años que pasé a su lado, desde que entré en la escuela hasta que la dejé a los diez años, camino del Instituto, influyeron definitivamente en mi vida. Me ayudó a ser una mejor persona con su bondad, su preocupación por nosotros y su interés en enseñarnos no solo a saber más sino a ser mejores. Por eso nunca le he olvidado. Años más tarde aprendí también que no solo hay que tener un buen maestro, sino que también se necesita una buena predisposición. Conocí a uno de sus hijos y, a pesar de que tuvimos y tenemos una buena relación, no reconocí en él la bonhomía que caracterizó a su padre. Bien es verdad que no supe nada de su vida y que no sé si otras influencias hicieron que el legado de su padre no fuese el que yo hubiese esperado, pero lo cierto es que Don Gonzalo siempre será para mí un prototipo del buen maestro, de una buena persona. 
A diferencia de otros profesores, Don Gonzalo rara vez utilizaba castigos para corregir nuestras travesuras o nuestra falta de interés. Sin embargo, otros compañeros suyos eran muy dados al castigo incluso físico, algo que en estos tiempos parece algo inaudito. La palmeta era el terror de los alumnos y era una herramienta que no faltaba en ningún aula. Se trataba de una regla de madera, más o menos larga, con la que el maestro justiciero golpeaba la palma de la mano del alumno incumplidor, obligado a extender su brazo con la mano extendida y la palma hacia arriba. Y hay de ti si se te ocurría retirarla cuando el instrumento de castigo bajaba hacia tu mano, porque los palmetazos posteriores serían más y más fuertes. Algún maestro parecía disfrutar aplicando castigos físicos que aplicaban con el menor motivo, sin ablandarse por las lágrimas o los lloros de sus pequeñas víctimas. Aparentemente, los padres aceptaban que a sus hijos se les aplicasen tales correctivos por ser algo extendido en todos los colegios y por el respeto que se tenía a la autoridad de los maestros. Circulaba una leyenda urbana según la cual si te restregabas ajo en la palma de la mano los golpes dolían menos; hasta tal punto estaba extendido ese tipo de castigo físico. No tuve nunca ocasión de sufrir un palmetazo porque Don Gonzalo era reacio a aplicarlos y lo más que hacía alguna vez es obligar a alguien a levantarse de su asiento y permanecer cierto tiempo de pie junto a su mesa, pero cuando por alguna razón Don Gonzalo era sustituido por alguno de sus compañeros, me cuidaba muy mucho de dar motivos para sufrir tal castigo más por evitar la humillación de ser golpeado impunemente delante de mis compañeros que por evitar el dolor de los golpes, que suponía pero que no conocía. Recuerdo que, en el último año de mi permanencia en la escuela, en unas clases extras a las que asistía por la tarde para preparar mejor el examen de ingreso en el Instituto, Don Jacobo, el maestro encargado de las mismas, me dio un tortazo en el cogote por errar una respuesta, algo que me dejó sorprendido porque estaba a mi espalda y no lo esperaba. Mi reacción inmediata fue irme de la clase, a la que no volví más, lo que mi padre permitió después de que le conté lo que había pasado, le aseguré que no necesitaba tales clases y le prometí que aprobaría el examen de ingreso al Instituto sin problemas, algo que cumplí en su momento.
Tal respeto y cariño tenía a mi maestro, que con ocasión de una enfermedad que le tuvo apartado más tiempo de la escuela del que era habitual, insistí a mi madre hasta conseguir que me llevase a verle a su casa. La alegría que a él le supuso mi visita fue igual a la que yo tuve al encontrar que no estaba tan mal como yo había supuesto por su prolongada ausencia. Cuando años después de haber dejado la escuela me enteré de su fallecimiento sentí que se había ido uno de los cimientos de mi vida, aunque su influencia nunca se perdiese. Y algunas lágrimas llenaron mis ojos ante tan amarga noticia. Fue una de las primeras personas de las que pensé que estarían en ese Cielo cuya existencia nos habían enseñado, junto a ese Dios bondadoso del nos habían hablado muchas veces, aunque es verdad que no tengo recuerdos de él hablando de esos temas religiosos, no sé si porque no era muy dado a ello o porque mi memoria no guarda más recuerdos de él hablando de tales temas. En definitiva, siempre que recuerdo a Don Gonzalo me viene un sentimiento de cariño y respeto, y siento el íntimo deseo que realmente el Cielo exista y que él lo esté disfrutando.  



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domingo, 27 de junio de 2010

SU AMOR A TRUJILLANOS

Como decimos más adelante el amor

a Trujillanos, queda demostrado con su

renuncia al traslado a Fuente de Cantos, donde

en aquella época vivía gran parte de

su familia.

Nota publicada el 31 de agosto de 1933

En el Diario Regional Hoy

Notas de Enseñanza


TRASLADOS POR EL CUARTO

TURNO

La "Gaceta" del día 27 eleva a

definitivos los nombramientos

provisionales por el cuarto turno de

maestros que afectan a esta provincia.

Son los siguientes:

Don Antonio Bartolomé Aragonés

de Olivenza, que iba a Cádiz,

va a Málaga.

Don Jesús Valentín Sanz, de Magaceia,

que iba a Denla (Alicante),

va a Guadasuar (Valencia).

Don Ramón Pieras Castell, de

Cheles, que iba a Vejiga (Jaén), va

a Manacor (Baleares).

Don Antonio Calero Díaz, de Hinojosa

del Valle, trasladado a Sanlúcar

de Barrameda (Cádiz).

Para Don Benito viene nombrado

don Clemente Fernández Pulido,

en lugar de don Constantino Crespo

Miranda.

A Feria, don Manuel Pueblo Perianes,

en lugar de don Manuel

García Tena.

A Santa María de Nava viene

nombrado don Alonso Gallardo Jiménez,

en lugar de don Hipólito

Martínez Grillo.

Se admiten las renuncias presentadas

por don Leoncio Carbajo

Blanco, que venía a Don Benito:

don Justo Núñez Rodríguez, de

Fuente de Cantos, que iba a La Linea

de la Concepción; don Gonzalo

Murillo García, de Trujillanos,

que iba a Fuente de Cantos; don

Francisco Almagro Rodríguez, que

venía a Quintana de la Serena.

El plazo para la toma de posesión

termina el día 26 del próximo

mes de septiembre.

Si por omisión involuntaria subsistiese

duplicidad de nombramientos

para alguna escuela, los maestros

que tuvieren menor derecho

para ocuparla, se dirijan a la Dirección

de Primera enseñanza, con

el fin de deshacer el error.

Se concede un plazo de quince

días para que renuncien los maestros

consortes que no hayan coincidido.

Antes de contratar el seguro


Y ESTE PUEBLO SE LO RECONOCIO

Reseña del Diario Regional

Hoy de 3 Enero 1982


En honor del fallecido maestro

Gonzalo Murillo García



Hoy, jornada cultural

en Trujillanos

Hoy domingo, día 3, se va a

celebrar en el cercano pueblo de

Trujillanos, una jornada cultural,

en la que van a intervenir el Grupo

de Coros y Danzas Nuestra

Señora de la Antigua, de Mérida,

y el Orfeón Provincial de Badajoz,

dirigido por Miguel Pascual

Mellado, jornada que se dedica en

memoria de don Gonzalo Murillo

García, maestro nacional ya fallecido

y al que se le dedicará una

Calle en reconocimiento por su


Labor en el terreno de la docencia.

Momento en el que se descubre la Placa que da Nombre a la Calle.


GRUPO DE ALUMNOS DE ESA EPOCA

Programa oficial de actos ofrecidos por el Excelentísimo Ayuntamiento de Trujillanos en Honor A Don Gonzalo Murillo García


GRAN EJEMPLO DE MAESTRO Y PUEBLO

sábado, 19 de junio de 2010

Carta de un Alumno enviada al Centro en el año 2008

Mi nombre es JUAN RODRIGUEZ BARIEGO, tengo en la actualidad 71 años, nací en Badajoz en Agosto de 1937. Fui alumno del Colegio General Navarro entre los años 1945 al 1948. Dicho por cursos Académicos, desde el 1945-46 a1 1947-48. Anteriormente estuve en colegios por la Zona en que vivía, por San Andrés, (Plaza de Cervantes). Estos colegios fueron el llamado de Doña Antonia Soriano, (que era hermana de un canónigo muy conocido en la época, don Eloy Soriano), y el colegio estaba en la planta primera de un edificio situado en la propia plaza de San Andrés, hoy existe este edificio tal y como era entonces. El otro colegio era el llamado de don Pedro Bala, situado al inicio de la calle Venegas, edificio que también existe actualmente, aunque está en ruinas. En el curso 1945-46, cuando yo tenía 8 años, pasé al Colegio de San Francisco, por cuyo nombre se conocía entonces más al Centro Genera1 Navarro. Ingresé a partir de Grado 3º en el cual era maestro don Francisco Lozano. Al año siguiente, en el curso 1946-47, pasé a 4º con don Manuel Lozano y el siguiente a 5º con don Gonzalo Murillo Al inicio de1 curso 1948-49 me pasaron a 6º con don Manuel Cabrera, pero estuve muy poco tiempo ya que en septiembre de1 año 1948 había aprobado el ingreso en el Instituto Bárbara de Braganza y por octubre me marche para hacer el bachiller. En resumen, ingresé en el colegio con 8 años y me fui con 11 años. Recuerdo perfectamente el cuadro de maestros que había y que prevaleció durante todo el tiempo que estuve.

En el Grado lº don Gerardo Ramírez. Lo recuerdo perfectamente, con su pelo y barba blanca, me parecía una persona muy mayor. Era padre de un conocido periodista deportivo de1 HOY.

En el Grado 2º, don Ángel Conejero, hombre grueso, vivía en la calle Madre de Dios en la planta baja de una casa que se conserva tal cual. Yo conocía a sus hijos en especial a Angelito.

En el Grado 3º, don Francisco Lozano, que vivía en la Plaza de Portugal en la primera de una casa cuya escalera salía desde la misma puerta. Fue don Francisco mí primer maestro en el Colegio de San Francisco, Lo recuerdo como una persona, en aquella época, ya algo mayor, muy erguido, con poco pelo y muy canoso, alto muy bien vestido casi siempre de color gris. Paseaba entre los bancos donde estábamos sentados y llevaba en la mano una reglita pequeña que nos dejaba caer cuando alguno no se estaba quieto.

En el Grado 4º, don Manuel Lozano, (no era familia de don Francisco) Lo recuerdo con su mascota negra y su voz muy fuerte y grave. En este curso ni nos movíamos porque Don Manuel tenía encima de la mesa una regla, más bien era una tabla, con la cual de vez en cuando ponía orden. Don Manuel vivía al comienzo de la carretera de Sevilla, en un chalet por encima de la gasolinera de San Roque y por debajo del bar Venero, frente al arroyo Rivilla, (este chalet hoy no existe).

En el Grado 5º Don Gonzalo Murillo García. El espacio de este curso estaba en un aula más pequeña que las de los otros grados En concreto se situaba en lo que hoy es sala de dirección y la ventana daba justo al edificio de Correos. Don Gonzalo fue mi gran maestro, siempre muy querido y permanentemente recordado Nos enseñó y nos educo no solo en la escuela, a mí me dirigía y me aconsejaba en todos los estudios de bachiller, mercantiles, preparación de oposiciones, aspiraciones profesionales, etc. Hasta ya de mayor, casado y con hijos, iba yo a su casa a contarle sobre mis cosas, mi familia, el trabajo, mis ascensos profesionales que lo llenaban de orgullo, etc. Esta actitud de don Gonzalo no era solo conmigo; me consta que con otros muchos alumnos también. Vivía en Pardaleras, en calle Asilo, en un chalet que todavía existe y que hoy lo habita su hija Lupe. Todos sus hijos, Maria Isabel, José Maria, Alfredo, Amparo, Lupe, Manolo y Maria Elisenda son desde aquella época de los años 1950 excelentes y entrañables amigos míos. Así mismo, recuerdo con gran cariño a su esposa doña Elisenda, que también era profesora en otro colegio Don Gonzalo murió en mayo de 1972 y muy poco antes había muerto su esposa. De don Gonzalo tengo infinidad de buenos y agradables recuerdos de los cuales podría estar hablando muchas horas como ya nos ha pasado cuando en alguna ocasión hemos coincidido alguno de sus alumnos. Por razones de brevedad me limitaré a decir que a todos nos enseñó no solo las asignaturas de su curso, sino algo más importante, nos enseño a ser personas dignas, responsables, trabajadoras, con honor y con orgullo, entre otras muchas cosas. Recuerdo en este sentido una frase suya que nos repetía constantemente y nos hacía escribir: "El hombre no se debe arrodillar nunca ante ningún hombre, solamente ante Dios". Don Gonzalo apenas reñía a sus alumnos, ni castigaba ni nada de eso, cuando alguno hacíamos alguna travesura propia de la edad, solo miraba al alumno fijamente, durante un rato, sin decirle, apenas nada, pero todo estaba dicho y entendido con aquella expresiva mirada. Qué enorme educador y que gran maestro. Quiero aprovechar para decir, gracias don Gonzalo por haber tenido la inmensa suerte de conocerle y ser alumno suyo.

En el Grado 6º, don Manuel Cabrera Estuve poco tiempo en su curso debido a que en septiembre de 1948 había aprobado el examen de ingreso en el Instituto Bárbara de Braganza y en octubre pasé a este centro a cursar el primero de bachiller. Era un maestro de mucha personalidad y carácter y ha sido el superviviente de todo el cuadro de profesores que he citado. Le recuerdo no hace mucho, en una de las veces que me lo he encontrado en la calle. Ya estaba muy mayor, me acerqué a él, me identifiqué como alumno del Colegio de San Francisco, (naturalmente que no me recordaba), pero no fue obstáculo para que me diera un cariñoso abrazo y yo, por mi parte, le dije; don Manuel, ¿acepta usted tomar un café aquí al lado? Así lo hicimos, porque con mucho agrado lo aceptó y yo más todavía Durante el tiempo que duró el café, muchas personas se acercaron a saludarle Sin duda también fue un maestro de los que marcan huella.
En aquella época, en el Colegio San Francisco no existía la figura del director; del centro. A don Rafael Mellado, que creo fue el primero, lo conocí algunos años después, cuando a menudo, si pasaba por los alrededores del colegio, entraba a saludar a don Gonzalo y a los demás maestros. Recuerdo a todos los maestros, a la hora del recreo, paseando de un extremo a otros, casi todos juntos, por el pasillo central que por entonces era mucho más ancho que hoy y desde cuyos ventanales veían a los alumnos jugando en el patio.

En aquella época el Colegio de San Francisco tenía horario de mañana y tarde, Si mal no recuerdo por la mañana era de 9 a 13, con media hora de recreo, y por la tarde de 15 a 17. Los muchachos de mi edad, sobre los 8 años, íbamos y veníamos solos, No recuerdo que mi familia me 1levara. Era natural, no existían apenas vehículos ni tampoco los demás "riesgos" a que tanto temen los padres y familiares actuales.

El Colegio era mixto en el sentido de que abajo los niños y arriba las niñas, pero no nos veíamos en todo el día. Al recreo salíamos los niños solos y antes o después las niñas. Hasta las puertas de entrada eran diferentes Las niñas por la puerta cercana a Correos y los niños por el lado contrario Los domingos por la mañana, todos los alumnos íbamos a misa con los profesores, los niños a San Agustín, las niñas no recuerdo donde. Durante todos los días del mes de Mayo, por la mañana, poco antes de salir, todos los alumnos, formados en filas en el pasillo central, cantábamos canciones ala Virgen María, como aquéllas "venid y vamos todos con flotes a María” y aquella otra de "el trece de Mayo la Virgen Maria” y otras más.

No recuerdo de haberse producido nunca ningún tipo de incidente o accidente En e recreo jugábamos "empleándonos a fondo", tal cual lo pueden hacer hoy pero a los juegos de ayer: al marro, a la una andaba la mula al rescate, a la trampa, a los platis, a los bolindres. No existían las porterías de fútbol ni baloncesto, el terreno era de tierra y existía más arboleda de moreras.
Dentro de las clases imperaba un orden total y e1 mayor respeto y aprecio a los maestros y si estos en algunas ocasiones nos enseñaban la palmeta, no pasaba nada, y si encima contábamos en casa que don Tal nos había dado un palmetazo era seguro que nuestros padres nos daban otro leñazo más o nos castigaban a algo,

Los alrededores de1 Colegio eran casi igual a la configuración que tiene hoy, El edificio de Correos, pero sin la ampliación el Paseo de San Francisco y sus palmeras, pero con otra variantes en suelo y jardines, la avenida de Huelva, apenas trazada y con casi ningún edificio, el cuartel de la Bomba, de Caballería, que ha desaparecido para dar paso a la avenida de Europa y sus alrededores El edificio del Colegio, exteriormente igual y por dentro las aulas antiguas son practicamente iguales y donde se ve la variación son en las modificaciones que se han hecho en pasillo, urinarios, la intercomunicación con el piso superior, la casa del conserje.

Y en cuanto a alumnos que yo recuerde en este momento: Manuel Meléndez Martínez, Santos Ramos García, Juan Antonio y Manuel Dávalos Álvarez, los hermanos Béjar, Luis Tejero, Ángel Royano, Luis y Manuel Cerezo, Florencio, Antonio y Narciso, (norecuerdo sus apellidos) Y de cursos posteriores al mío, mi hermano Manuel, Civantos, los hermanos Cortés, Paco Zambrano, entre otros muchos.
De mis actuales cinco nietos, tres están ya en edad escolar Son Pedro Juan García Rodríguez, de 9 años, su hermana Ana, con 6, y Antonio Pepe Álvarez Rodriguez, con 5 años, resultándome muy grato que todos ellos sean alumnos del Colegio General Navarro, (San Francisco para les de aquella época) y, por supuesto, también me es muy agradable, durante el rato que espero a que salgan, cuando a menudo voy a recogerlos a medio día, recordar mi época en el Colegio y por los patios. Me veo, saltando por la terraza y corriendo por el patio delante o detras de los compañeros y sorteando los varios árboles que entonces existían.



Badajoz, a 8 de abril de 2008.



Este relato lo hace Juan Rodríguez Bariego